Por Víctor Hugo Durán
La fiscalización, al parecer, será la gran piedra de tope de la aplicación de la nueva Ley Antitabaco que comienza a operar el próximo 14 de agosto en Chile.
Desde que se discutió este cuerpo legal durante el año pasado existían dudas en torno a su eficiente cumplimiento. Y es que en Chile -a diferencia de países con mayores niveles de cultura, civilidad y respeto por los derechos de los otros- siempre se buscan resquicios para violar las leyes. "Hecha la ley, hecha la trampa" se dice casi en forma habitual.
La normativa dejaba en poder de la policía uniformada la fiscalización. Sólo un comentario al respecto. Durante un reciente viaje a Washington, fui a cenar a un restaurant en Georgetown. Dos mujeres pretendían ingresar con sus cigarrillos encendidos, y uno de los dependientes las detuvo y les pidió amablemente que fumaran fuera. Otro señor, por el contrario, salió del local a fumar. Dentro, no había humo. Y lo más importante, no había policias o fiscalizadores con libretas o uniformes verificando el cumplimiento de la norma aplicada por las autoridades del D.C. Es decir, operaba la autoregulación.
Acá en Chile, ya hay problemas al respecto. A la policía uniformada (carabineros) se le quitará esta responsabilidad, la que quedará en poder de un reducido grupo de inspectores de los servicios de salud que, además, deben controlar farmacias, empresas, contaminación ambiental, aeropuertos, drogas, hospitales, clínicas, centros médicos y un largo etc. de actividades, según nos informa la La Nación y El Mercurio. Es decir, no darán abasto para, además verificar si se cumple la ley.
La duda entonces es: ¿habrá un cambio de actitud de los chilenos? ¿existirá un control social? Son preguntas difíciles. ¿CUAL ES SU OPINIÓN?
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