Artículo de La Nación
Estudio revela conducta de población en riesgo de las regiones Quinta, Segunda y Metropolitana:
Preservativo es el método de prevención menos usado en homosexuales
“Los gays y bisexuales creen en el amor romántico y buscan una pareja estable”. Con esta afirmación, uno de los investigadores del informe explica una de las conductas que dificultan que este grupo de la población use este método de protección. Los autores de la encuesta culpan a las autoridades de entregar una imagen errónea del condón.
Ermy Araya M.
Pedro vive con VIH. A sus 33 años, recuerda que el momento en que le notificaron el mal, constituyó un hito crítico en su vida. Soy “un muerto en vida. El sida destruyó mi sexualidad”, dice .
Actualmente mantiene una relación de pareja de más de 6 años con un hombre casado y padre de familia. Pedro es homosexual y no recibe tratamiento antirretroviral.
Reconoce que no utilizan preservativos, aunque ha intentado incorporarlo a su vida íntima. ¿Por qué? Su pareja, que sabe que tiene VIH, se rehúsa a usar condón y a tomarse el test de Elisa para conocer su propia situación serológica.
Ahí comienza el doble sufrimiento de Pedro. Por un lado, siente culpa por estar afectando la familia y salud de quien ama, pero a la vez teme perder a su pareja, del cual se siente enamorado. “Esto es una tortura porque cada vez que tenemos relaciones sexuales, siento que lo estoy recontagiando”.
El caso de Javier de 48 años no es menos dramático. Pese a estar casado, mantiene una relación paralela con un hombre, lo que le impide vivir su orientación homosexual con libertad.
Es incapaz de separarse, porque siente que si lo hace, dañará profundamente a su familia. Suele evadirse en locales nocturnos frecuentados por homosexuales donde –dice- sentirse libre.
Hasta el día de hoy no sabe si es gay o bisexual. No tiene VIH pero sospecha que su amante podría estar infectado por este mal. No siempre usa preservativos con su pareja, pero lo que sí tiene claro es que por ningún motivo podría cuidarse cuando intima con su esposa. “Ella se niega aunque yo le insisto”,
afirma.Estos crudos testimonios son parte del estudio “Factores socioculturales que inciden en el uso del condón masculino en homo-bisexuales” realizado por el Movimiento Unificado de Minorías Sexuales (MUMS) y Sidacción.
La investigación a la que accedió La Nación, analizó la aceptabilidad del preservativo no sólo en gays sino que también en hombres que tienen sexo con hombres, independiente de sus comportamientos heterosexuales (homobisexuales), identificando además los elementos que inhiben o facilitan el uso de este producto.
Se entrevistó a más de 130 personas homosexuales y homobisexuales, pertenecientes a los sectores medio y medio-bajo, de entre 15 y 49 años, que viven en las regiones Segunda, Quinta y Metropolitana.
Según el dirigente del MUMS y parte del equipo investigador, Fernando Muñoz, los resultados no dejan de ser preocupantes.
Esto, porque el estudio demostró que dentro de las medidas que utiliza la población homosexual y homobisexual para prevenir el VIH, el condón ocupa el último lugar.
La explicación a este fenómeno es simple pero sorprendente: pese a que el inconsciente colectivo atribuye a este grupo conductas libertinas y descomprometidas en materia sexual, en la práctica sí buscan relaciones estables y románticas, por lo que abandonan la idea de usar preservativos.
“Son tan conservadores y cartuchos como el resto de la población, ya que creen en la familia, la fidelidad y estabilidad emocional. Gran parte de los entrevistados considera innecesario el uso del preservativo puesto que tienen pareja estable (lo que no necesariamente implica exclusividad sexual), siendo esta última condición una estrategia preventiva natural”, dice Muñoz.
El tema no es menor si se considera que Conasida advierte que en la caracterización de la epidemia en Chile, la vía sexual constituye la mayor fuente de exposición al sida, siendo los más afectados los homosexuales y homobisexuales.
Sin embargo, el sondeo establece que esta progresiva formación de parejas “estables” no significa que este grupo no sea vulnerable al VIH, ni mucho menos que este comportamiento sea sinónimo de prevención.
La investigación plantea que este grupo sigue viendo el condón como una “obligación” o una “responsabilidad” y no como un elemento positivo asociado a una vivencia placentera de la sexualidad.
Antecedentes previos avalan esta tendencia. Según un estudio realizado por la consultora NOUS en personas viviendo con VIH en el año 2003, un 30% declaró no haber tenido actividad sexual en el último año.
Sin embargo, en el grupo homosexual, este porcentaje llegó sólo al 24%, siendo éstos los que mayoritariamente indican tener relaciones sexuales con varias personas (35%).
De esta manera, el sondeo evidenció que los homosexuales notificados por VIH continúan en su mayoría, con su vida sexual antes del año de haber sido diagnosticados.
Sin condón
El uso correcto y sistemático del condón, es una de las estrategias más recomendadas para la prevención del VIH a nivel mundial. Se estima que anualmente deberían usarse unos 24.000 millones de preservativos, pero el uso real es mucho más bajo, llegando sólo a 6.000 a 9.000 millones.
Sin embargo, el estudio advierte que los homosexuales y homobisexuales tienen claramente una visión negativa del preservativo.
Tanto para las personas que viven con VIH como para los seronegativos, la incorporación de este producto es problemático, de manera que la abstinencia sexual aparece como la estrategia más privilegiada. Sin embargo, algunos entrevistados reconocen la práctica de relaciones sexuales desprotegidas.
Entre los atributos que convierten al condón en un producto poco grato, se encuentra el hecho de que quita sensibilidad, afecta la erección, reduce el placer, es difícil de usar, produce alergia o irrita.
Incluso se atribuyen aspectos físicos desagradables como falta de estética, molestos, incómodos, de mal olor, grasientos y de un sabor desagradable.
“Los sujetos plantean que el preservativo es un elemento que afecta negativamente la relación sexual con otro, actuando como un elemento disruptor que dificulta o interrumpe el encuentro sexual. Es una especie de matapasiones”, agrega Muñoz.
A esto se suma el hecho de que la mayoría de los entrevistados ponga en duda la calidad de algunos condones, especialmente aquellos que se entregan gratuitamente en los servicios de salud.
La mayor barrera para encontrar preservativos es -según los encuestados- su alto precio. Esto limita su accesibilidad y aumenta la vergüenza a la hora de solicitarlos en la farmacia.
Poca confianza
Sin embargo, uno de los aspecto más preocupantes del estudio, es la falta de confianza en la efectividad del preservativo como método de prevención del VIH.
Los homosexuales y homobisexuales entrevistados aseguran que los condones pueden romperse con facilidad, por lo que no son seguros, en especial aquellos que se entregan en el sistema público de salud por ser considerados de mala calidad, cuestión que -según la investigación- ha influido en la opinión que tiene este grupo respecto de los preservativos en general.
Para las ONGs que trabajan en torno al tema, la responsabilidad de esta negativa postura recae en las autoridades sanitarias y la nula promoción sanitaria de este producto.
“Llevamos 20 años con la epidemia y en Chile nunca se ha hecho una campaña del condón, recién ahora se empezará a hacer algo. Estamos perdiendo la batalla porque el Ministerio de Salud nunca ha puesto los preservativos al alcance de la población”, asegura Muñoz.
Similar es la opinión del asesor metodológico de Vivo Positivo, Francisco Vidal, quien sostiene que no hay voluntad política para enfrentar con seriedad esta realidad.
“Las autoridades cometieron el error de promocionar sólo la pareja única y la abstinencia sexual para prevenir el VIH, dejando de lado el condón. Pero éste es un tema de salud pública que no ha sido abordado con decisión y que debe concretarse en la próxima campaña nacional”, afirma.
Consultado por estos resultados, Conasida declinó formular declaraciones ya que dijeron que el estudio aún no ha sido analizado por los exper
tos del organismo.-------------------
Ermy Araya es periodista de la Universidad de Santiago. Su carrera periodística ha estado ligada permanentemente a La Nación y a acudido a talleres de capacitación de International Center for Journalist.
Artículo de La Tercera
Datos de estudio cualitativo de Conasida realizado en cuatro ciudades del país
Prejuicios y falta de acceso limitan uso de preservativos en Chile
Jóvenes entre 15 y 24 años se sienten inhibidos de solicitar el producto en una farmacia o un consultorio, mientras que los adultos tienen una menor disposición a usarlo, pues dicen sentirse incómodos.
Ana María Morales
Acceder a un preservativo no es tan fácil. Las personas se sienten inhibidas al momento de solicitar el producto y, por otra parte, éste sólo se puede adquirir en las farmacias y consultorios, lo que es visto como una limitación.
Al menos así lo muestra un estudio cualitativo (focus group) de la Comisión Nacional del Sida (Conasida), encargado a los investigadores Irma Palma, de la Escuela de Sicología de la Universidad de Chile, y Francisco Vidal, asesor de la organización no gubernamental Vivo Positivo.
La investigación señala que quienes tienen mayores prejuicios frente al tema son jóvenes de entre 15 y 24 años. Los adultos mayores de 35 tienen una menor disposición a usar el condón, porque sienten que les incomoda e interrumpe el acto sexual.
La utilización del preservativo tampoco es frecuente. Según Vidal, un grupo muy reducido de la población lo usa en forma periódica en sus relaciones de pareja. Mas bien, la gran mayoría lo hace de manera intermitente. "Habitualmente cuando entran a una relación estable dejan de usarlo, y cuando rompen vuelven a utilizarlo".

La investigación se realizó a través de entrevistas aplicadas a personas de entre 15 y 69 años, en cuatro ciudades del país: Arica, Valparaíso, Santiago y Concepción.
Uno de los temas que más llamaron la atención de los investigadores es la percepción que la población tiene respecto de las personas que usan preservativo. Según explicó Vidal existen fuertes prejuicios.
"Cuando se preguntó en los focus qué pensaban de los hombres que usan condón, la respuesta, en general, fue que eran tipos responsables, que se cuida él y su pareja. Cuando se le pregunta por una mujer, sin embargo, ello se asocia con una mujer promiscua", sostuvo el experto.
Esto pone en evidencia una dificultad práctica. Hasta ahora la campaña de prevención del sida está enfocada a la promoción del preservativo como un mecanismo de protección, pero según este estudio, hay barreras para acceder al producto.
Al respecto, el vocero de la ONG Sidacción, Marcos Becerra, adelantó que se está trabajando en el diseño de una estrategia de promoción del preservativo.
En una primera etapa se hizo una campaña comunicacional para instalar el uso del condón como algo cotidiano. Ahora vienen las estrategias de mercado para su distribución.
Sobre ese tema, Becerra señaló que de aquí a enero se licitará un proyecto que precisamente busca identificar cuáles son las estrategias más apropiadas para la difusión del condón. Esto significa ampliar los puntos de venta a supermercados, estaciones de servicio y quioscos. Además, se pretende que el Estado impulse una propia marca, como lo hace con otro tipo de productos, como la leche que se distribuye en los consultorios, y similar a lo que ocurre en Europa. Esto se pretende aplicar durante el primer semestre de 2006. El proyecto es financiado con recursos del Fondo Global contra el sida, la tuberculosis y la malaria, creado por los países más desarrollados.
Boom del condón en Chile en una década
Mientras en 1996 se importaban seis millones de preservativos, en el 2004 la cifra aumentó a 64 millones. Sin embargo, a juicio de las organizaciones sociales ligadas al tema de la prevención del VIH sida, esto no es suficiente.
Según explicó el vocero de Sidacción, Marcos Becerra, el uso del condón está circunscrito a la prevención del embarazo y no como un medio de protección para cuidarse del virus del sida o las enfermedades de transmisión sexual.
Ahora, reconocen que su uso se ha ampliado en comparación con años anteriores, cuando se circunscribía a la población homosexual y trabajadoras sexuales. Ahora es utilizado por las parejas con una relación estable, pero principalmente entre los jóvenes, no así en la població
n adulta. Ello está relacionado con barreras culturales y factores sociales.---------------------
Ana María Morales es periodista de la Universidad de Chile. Ha trabajado en la Radio Nacional, el portal AreaFinanzas, ha colaborado para El Mercurio y ahora trabaja en La Tercera.

2 comentarios:
para que promueven campañas de prevencion, si los condones que entregan en los consultorios son de mala calidad y se rompen solos es ser demaciado ipocritas pedir a la gente que sean concientes.
donde esta la conciencia del gobierno.
y lo digo con conocimiento de causa
grasias a dios no me estaba cuidando del sida.
Hola, la verdad no entendí bien el comentario. Pero no todos los condones se rompen, mejor usarlo y tienes más posibiliades de estar a salvo. Pd. Cuida las faltas de ortografía compadre!
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