lunes, septiembre 12, 2005

Un coctel de esperanza

Ya que mi colega paraguaya Patricia Lima reclamó porque el blog estaba muy cargado al tabaco (es lo que está pasando en Chile, colega), he seleccionado este excelente artículo de Ivannia Varela, periodista de la Revista Dominical del diario La Nación de Costa Rica y que se publicó el 28 de noviembre del año pasado.
El tema es el VIH y el acceso a las terapias de medicamentos.
Este reportaje concursó en el Premio Latinoamericano de Periodismo de Salud, pero desgraciadamente no fue premiado.


Un cóctel de esperanza

Por: Ivannia Varela

Los antirretrovirales han permitido que el VIH no sea ya una sentencia de muerte. Cuatro costarricenses cuentan, en el anonimato, cómo sobrellevan su padecimiento gracias a estas terapias.
El día en que le comunicaron que era portadora del VIH, deseó lanzarse del sétimo piso del Hospital Monseñor Sanabria, en Puntarenas. "Después de todo me voy a morir", se dijo segundos antes de perder el conocimiento.
Hoy, cinco años después de aquella noticia, Lucía sube una vez al mes hasta ese piso donde se ubica el área de infectología. Paradójicamente no lo hace para recibir atención, sino para brindar consuelo a quienes piensan que este virus es lo peor que ha podido ocurrirles.
Ella también tenía esa idea antes de iniciar el tratamiento con los antirretrovirales (fármacos que permiten bajar la carga viral), a finales de 1999. Y no era para menos; su vida había dado un giro de 180 grados y todo a su alrededor se tornaba oscuro.
El hombre que la había infectado acababa de morir por sida, su hijo, que había prometido no abandonarla, le dio la espalda, se había quedado sin trabajo y físicamente se sentía muy mal. Los dolores de cuerpo, de cabeza, las diarreas y las fuertes gripes la postraban en la cama durante semanas. Todo, sin embargo, comenzó a cambiar cuando ella se armó de valor e inició el tratamiento que le recomendaron en el centro médico. Al principio no era sencillo tener que "tragarse" 21 pastillas diferentes a lo largo del día, pero poco a poco se fue acostumbrando.
"Pronto me sentí mejor y me dieron ganas de continuar viviendo. Dejé el licor, empecé a estudiar y comencé a cuidar la alimentación. Nunca más volví a enfermarme de gravedad. En estos momentos tengo la carga viral prácticamente indetectable y por eso solo tengo que consumir 13 pastillitas al día", sostiene Lucía con un optimismo que le emana por todos los poros.
Como ella, unas 1.850 personas -de los 12 mil costarricenses que se presume que son portadores del VIH- reciben tratamiento antirretroviral por parte de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS).
Desde 1997, la institución, tiene la obligación de brindar esos fármacos a quienes los necesiten, debido a un fallo de la Sala Constitucional, indicó Solón Chavarría, director ejecutivo del Programa VIH Sida de la Caja. Según él, cada año esta identidad invierte en este rubro ¢4,2 millones.
Dicha erogación económica ha permitido situar a Costa Rica en un puesto ventajoso en relación con los demás países de América Latina, pues, además de Brasil, Argentina y Panamá, es una de las cuatro naciones que ha logrado bajar la mortalidad en la región.
Desde que se comenzaron a registrarse los primeros casos en el país, en 1983, hasta la fecha, 1.664 personas han fallecido por causa del sida.
Según estimaciones médicas, antes de los antirretrovirales, el promedio de vida de una persona con esta enfermedad era de cinco meses, después del diagnóstico. En la actualidad, la supervivencia media es de más de cinco años, de acuerdo con estudios efectuados en Brasil y dados a conocer en el último informe del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (Onusida) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hacia lo crónico

"El que se muere por sida ahora, es un tonto. Los antiretrovirales nos están permitiendo llevar la enfermedad como si fuera un mal crónico y no necesariamente mortal", replica Michael, un muchacho homosexual que se convirtió en un activista desde hace cuatro años cuando en la clínica de la comunidad le informaron que el VIH recorría sus venas.
Entonces, se encontraba muy mal. Una toxoplasmosis cerebral (una de las enfermedades oportunistas del sida) lo había enviado al hospital y le había hecho perder la conciencia durante casi dos meses.

Consumo mensual

Desde 1997, la CCSS suministra por ley los antirretrovirales a quienes los necesiten. En la actualidad 1.850 personas consumen mensualmente estas medicinas.
Cuando abandonó el centro médico, lo hizo con el diagnóstico en la mano y con un arsenal de medicamentos que a simple vista parecían imposibles de manejar por un joven de 34 años que acostumbraba consumir drogas y licor.
En estos momentos Michael, -quien adquirió el virus en una única noche de copas, como él mismo la describe-, aún no ha podido reabrir su salón de belleza, debido a que su recuperación ha sido muy lenta. Sin embargo, ese será su proyecto para el 2005, pues el AZT, el 3TC y el Stocrin -el cóctel de medicinas que consume religiosamente- le hizo subir sus células CD-4 a 780 (vea nota adjunta: Batalla antirretroviral). En la peor crisis que ha presentado, este índice lo tenía en 144, muy por debajo del rango considerado normal (200).
"Obviamente también tuve que modificar mis hábitos de vida. Ahora soy la persona más tranquila del mundo. No voy a mentir diciendo que todo es maravilloso y que nunca me enfermo, ni que no tengo molestias debido al tratamiento, pero por dicha en la actualidad me siento muy bien, con ganas de seguir luchando", añade.
Entre los efectos secundarios que producen algunos de los antirretrovirales, según el infectólogo Ricardo Boza, se encuentran diarreas, vómitos, náuseas, acidez estomacal, aftas en la boca, disminución del paladar, anemia, piedras en los riñones, problemas en el hígado, síntomas de diabetes, incremento en el colesterol y lipodistrofia (distribución anormal de la grasa corporal).
No obstante, los pacientes que cumplen al pie de la letra con la terapia antirretroviral sostienen que todo eso es mejor que enfrentarse a las secuelas del sida y, sobre todo, a la muerte. Además, la intensidad de los efectos secundarios varía mucho de paciente a paciente y en la actualidad existen otros medicamentos que pueden contrarrestar todos estos inconvenientes.
"Yo tomo el cóctel desde 1997. Al principio tuve que desembolsar casi $600 en medicinas que trajimos del extranjero, pero pronto comencé a recibir el tratamiento por parte de la CCSS", afirma don Carlos, un hombre de 44 años que estuvo a punto de morir por causa del sida.
Cuando fue diagnosticado con esa enfermedad, había perdido peso dramáticamente, no podía levantarse de su cama y los médicos le daban pocas probabilidades de vida.

Gran progreso

Costa Rica, al igual que Panamá, Brasil y Argentina, es uno de los pocos países latinoamericanos que ha logrado bajar la mortalidad por sida. Desde que inició la epidemia hasta la fecha, 1.664 personas han fallecido.
"Tres meses después de haber iniciado el cóctel, mejoré mi contextura, incrementé las defensas y pude incorporarme. Si bien aún no estoy al cien por ciento y he tenido algunas recaídas, por lo menos puedo disfrutar a mi familia y eso es una bendición", sostiene don Carlos, esposo de una mujer sin VIH y padre de dos niñas preadolescentes.
Otra que tiene mucho qué decir sobre los antirretrovirales es Lorna, de 27 años de edad. Descubrió que era VIH positiva en 1994, cuando apenas tenía dos meses de casada y su esposo había caído gravemente enfermo por causa del sida.
A los nueve meses, Lorna había enviudado, pero como siempre se ha caracterizado por se una luchadora, decidió mantenerse en pie. Y así lo ha hecho a lo largo de estos 10 años, con ayuda, eso sí, de los antirretrovirales. Volvió a casarse con una persona sinVIH y aunque desde el principio decidió no tener hijos, el destino le tenía deparada una sorpresa: en el 2002, por una ruptura de condón, quedó embarazada.
"En ese momento yo estaba tomando un cóctel de AZT, 3TC y Nelfinavir y continué utilizando esos fármacos durante los nueve meses de gestación para que mi bebé no se infectara. Luego, me practicaron una cesárea electiva, no le di leche materna y el gordito también tuvo que tomar durante varias semanas AZT. Hace poco le hicimos la prueba y salió negativo, es un niño completamente sano", explica Lorna, quien no se cansa de agradecerle a Dios la oportunidad de mantenerse con vida.

Batalla antirretroviral

Los antirretrovirales disponibles en el país son de dos familias: inhibidores de la transcriptasa inversa y los inhibidores de proteasa
Para controlar el VIH, los científicos debieron ante todo comprender cómo funcionaba el mismo dentro del cuerpo de las personas. Así, se percataron de que el virus del sida se reproduce en las células del sistema inmunológico, en especial en uno de los tipos de linfocitos llamados CD4, verdaderos soldados de la defensa del organismo contra el ataque de enfermedades.
Estos son el blanco principal del VIH, que los destruye para poder reproducirse. Para ello, necesita ingresar a un linfocito y ligarse a esa célula. Lo hace utilizando unos receptores ubicados en el exterior de la misma, según explicó el doctor Clemente Díaz, de la Facultad de Medicina de Puerto Rico.
Una vez que el virus ha conseguido la información genética que necesitaba, se produce el siguiente paso de la reproducción: el ensamblaje de nuevas partículas virales, su liberación al torrente sanguíneo y posterior infección de otros CD4.
En este intercambio genético, según la página electrónica www.latinsalud.com, intervienen dos sustancias.
La primera llamada transcriptasa reversa y la segunda, denominada proteasa.
Algunos de los antirretrovirales que la industria farmacéutica ha creado en los últimos años buscan inhibir estas sustancias y muchas veces, combinados entre sí, logran frenar el avance del VIH y protegen las células del sistema inmunológico.
De eso se tratan los llamados cócteles de drogas. Al combinar dos, tres o más fármacos, se intenta intervenir en todos los puntos posibles del proceso de replicación viral.
Así, la cantidad de virus que circula por la sangre de una persona portadora puede ir disminuyendo por falta de replicación del virus.
Nuevas investigaciones buscan impedir la replicación del virus en otros puntos del proceso de reproducción.
Para ello, se estudia la intervención de otras enzimas, por ejemplo, la integrasa. Las expectativas también están puestas sobre una nueva familia de drogas: los inhibidores de la fusión, que actuarían antes de que los CD4 sean infectados, lo que impide la unión del VIH a través de los receptores de la célula.
Igualmente, la industria farmacéutica intenta conseguir fármacos igual de potentes que los actuales, pero que produzcan menos efectos secundarios y requieran de una dosis menor.

No son infalibles

Aunque los antirretrovirales han dado un respiro para quienes luchan contra el sida, los médicos afirman que no se puede bajar la guardia, pues estos fármacos no curan ni son infalibles.
La infectóloga Gisela Herrera, exdirectora de la Unidad de Control del Sida (1987-2001) advirtió que el 80 por ciento de las personas que usan los antirretrovirales obtienen respuesta positiva, mientras que el 20 por ciento fracasa por dos razones: el mal está muy avanzado o no le dieron el seguimiento correspondiente.
Además, se ha comprobado que ciertas cepas del virus del sida han desarrollado resistencia a algunos antirretrovirales. Lo anterior, debido a que se trata de un virus que muta constantemente y, sobre todo, porque algunos pacientes no cumplen con el tratamiento y entonces el virus toma fuerza, según explicó el infectólogo Ricardo Boza, del Hospital San Juan de Dios.
"Si la persona se toma las pastillas al pie de la letra y a la vez modifica sus estilos de vida (dejan de consumir licor, ingerir drogas, se alimentan adecuadamente, acuden a sus citas con regularidad y practican sexo seguro), es muy probable que vivan muchos años con los antirretrovirales", afirmó el especialista.
Otro asunto que debe tomarse en cuenta para que los antirretrovirales surtan el efecto deseado es comenzar a tomarlos lo antes posible.
Para ello, los médicos insisten en la necesidad de que las personas se efectúen la prueba como una medida preventiva y no cuando comiencen a registrar los síntomas del sida.
Con las mujeres embarazadas ocurre parecido. Entre más temprano se dé el diagnóstico y estas arranquen con la terapia antirretroviral, alrededor de la decimocuarta semana, habrá más posibilidades de que los niños nazcan sin VIH. Actualmente, gracias al tamizaje que se realiza en el país, la infección perinatal (de madre a niño) ha bajado a un dos por ciento.

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Breve biografía del autor:
Soy bachiller en periodismo y comunicación, egresada de la Universidad de Costa Rica. En la actualidad laboro para la Revista Dominical de La Nación (hoy Proa).
De 1993 a 1997 cubrí salud en el periódico La República. En el 2002 obtuve el primer lugar del premio de periodismo que otorga la Fundación Internacional de Osteoporosis.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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